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Psiquiatría - Expertos advierten del peligro de las conductas dietantes

Última actualización de la noticia: 04/12/2006

Con la consigna compartida de la autorrestricción alimentaria, las anoréxicas siempre van por menos comida y menos kilos. Primero sus cuerpos languidecen, después empiezan a consumirse y fuerzan una línea muy frágil que puede quebrarse y desembocar en la muerte.

Como ocurrió días atrás con la modelo brasileña Ana Carolina Reston, que con 1,72 metros había reducido su peso hasta los 40 kilos, sobre la base de una dieta limitada a manzanas, agua y tomates. Una falla renal marcó el límite de su organismo y una infección generalizada terminó con su vida en una clínica de San Pablo.

Su caso dio la vuelta al mundo y reinstaló el alerta entre miles de padres que se preguntan cómo actuar frente a un hijo adolescente que decide bajar unos kilos de más, pero perpetúa la dieta aun después de haber alcanzado varios kilos de menos.

"La anorexia es una enfermedad mental que compromete todas las áreas de la vida de la persona (lo corporal, lo psíquico, lo familiar y lo social) en su sentido más extremo y es potencialmente letal", define sin vueltas Cecile Rauch Herscovici, profesora de la Universidad del Salvador y coautora de un estudio epidemiológico realizado sobre trastornos de la alimentación.

Lejos de la consulta

La investigación detectó una presencia irrelevante de anorexia en el país; sin embargo, la enfermedad no es excepcional. Sencillamente, los investigadores indagaron a niños y adolescentes que acudían a consultorios pediátricos y, tal como aparece en el artículo publicado en la revista Archivos Argentinos de Pediatría , "los pacientes con anorexia nerviosa difícilmente concurren a la consulta médica, niegan la enfermedad y refieren sentirse siempre bien".

Este no es un dato menor a la hora de establecer estrategias diagnósticas y terapéuticas. Por propia voluntad, las anoréxicas no buscan ayuda médica, más bien escapan de ella. "Los objetivos terapéuticos son opuestos a lo que ellas desean", dice Herscovici.

En su discurso, las anoréxicas defienden la enfermedad como un estandarte que se afirma en una lógica ajena a la elemental defensa de la vida. Edifican redes de apoyo que a través de Internet difunden recetas para forzar la dieta a extremos irracionales.

Quejas y denuncias múltiples impulsaron la reciente intervención de instituciones de distintos países, que comenzaron a luchar contra la propagación de este movimiento conocido como Pro Ana (Pro Anorexia), al que tildan de "apología de la anorexia", casi como sinónimo de una apología de la muerte. Lo curioso es que se ha constituido en una suerte de corporación internacional que otorga pertenencia e identidad. La anorexia, desde ese registro, pasa a ser una filosofía de vida, casi un lugar en el mundo.

El fenómeno denuncia cierta encrucijada filosófica y clínica: ¿la anorexia es una enfermedad o un ayuno voluntario? Desde esta última vertiente, el terapeuta de familia y sociólogo Pietro Barbetta, autor del libro de reciente edición en Italia Anorexia e Histeria, una perspectiva clínica-cultural , se queja de la lectura facilista que describe a la anorexia como un conflicto de adolescentes atrapadas por los dictados de la moda, siempre exigiendo cuerpos más delgados para ser exhibidos como maniquíes humanos.

Polémico, Barbetta define la anorexia como un trastorno cultural y se anima a más, asociando la dieta extrema a una verdadera huelga de hambre. De visita en Buenos Aires, este profesor de la Universidad de Bergamo sostuvo que la negativa de la anoréxica a alimentarse es un acto de protesta contra la opulencia de una sociedad injusta. Y un intento fallido de ruptura con la familia: "Estas chicas no quieren asumir la identidad que la familia espera de ellas y la enfermedad es un corte patológico con el mandato familiar".

Volver a la vida

Así sea como acto de protesta para cortar con los mandatos familiares o sociales, o con un inicio más inocente, para adelgazar unos kilos antes de exponer el cuerpo en la playa, la restricción alimentaria inaugura, según Herscovici, la catarata de síntomas -distorsión de la imagen corporal, insomnio, irritabilidad y un creciente desequilibrio orgánico- que puede llevar a un desenlace fatal.

La obsesión por la imagen corporal y la conducta dietante constante son dos factores de riesgo que deben encender la luz de alarma entre los padres, ya que multiplican por siete el riesgo de desarrollar un trastorno alimentario. Por eso la detección precoz y la consulta temprana son imprescindibles para evitar el inicio de la batalla campal que se instala en cada familia cuando un integrante se niega sistemáticamente a comer, o elabora estrategias para que los demás crean que come cuando el descenso dramático de peso demuestra lo contrario.

Barbetta propone dirimir el conflicto exclusivamente en el ámbito de la terapia familiar, sin forzamientos y definitivamente lejos de las instituciones a las que llama "anorexicomios". Herscovici admite que las internaciones deben ser el último recurso, ya que los kilos que se recuperan por alimentación artificial forzada se vuelven a perder rápidamente.

"Además, estas internaciones tienen un efecto traumático y si hay una recaída muchas pacientes no consultan y el cuadro es gravísimo." Propone, en cambio, un tratamiento lo menos intrusivo posible y un enfoque interdisciplinario, en el que intervengan médicos y nutricionistas, ya que en este cuadro la comida es tan necesaria como el antibiótico para curar una infección bacteriana.

Paralelamente, el apoyo psicoterapéutico tiende a ayudar a cada paciente a construir otro lugar en el mundo que la reconecte con la vida.

Los grupos terapéuticos con la participación de pacientes recuperadas no dejan de ser una alternativa. Desde el creciente movimiento anti-Pro Ana, una anoréxica arrepentida remonta los orígenes de su enfermedad y se posiciona: "He pesado 38 kilos, se me fue la menstruación, se me cayó el pelo, tuve llagas en el esófago y el esmalte de dientes perjudicado Hoy vuelvo a tener sobrepeso, pero estoy haciendo una dieta sana y equilibrada, y me siento mucho mejor".



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