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Neurología - Un segundo ictus incrementa en un 73% la posibilidad de morir

Última actualización de la noticia: 02/11/2007

Logotipo de la Sociedad Española de Neurología

Fotografía por: Sociedad Española de Neurología / Planner Media

El segundo ictus o infarto cerebral aumenta un 73% las posibilidades de fallecer y un 39% el riesgo de quedar dependiente respecto a aquellos que sufren esta urgencia neurológica por primera vez, según datos de la Sociedad Española de Neurología. Por ese motivo, la prevención de su recurrencia (mediante hábitos de vida saludable, control de los factores de riesgo, etc.) se convierte en un reto que debe afrontarse con toda la información posible. Con el  término ictus se conocen las enfermedades del cerebro provocadas por un problema de la circulación sanguínea. "Los datos reflejan que buena parte de los españoles que sufren un ictus corren un riesgo importante de padecer otro, que será más grave que el primero en términos de mortalidad y gravedad de las secuelas. Sólo un porcentaje muy pequeño de afectados alcanza los objetivos de prevención secundaria deseables en factores de riesgo clave como la hipertensión arterial, la diabetes o el colesterol elevado", asegura el doctor José Álvarez Sabín, coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (GEECV-SEN), con la colaboración de la Fundación Bristol-Myers Squibb España.   Si bien el riesgo de volver a tener nuevos ictus es especialmente alto el primer año, sobre todo durante los tres primeros meses, este riesgo se va a mantener durante toda la vida. "A los 10 años, más de la mitad de los pacientes volverá a sufrir un ictus si no reciben el tratamiento adecuado y controlan sus factores de riesgo vascular. Tan importante es llevar a cabo dicho control como concienciar a los pacientes de que debe ser así durante toda la vida", advierte este experto. Una investigación reciente realizada en 1.400 centros de salud con datos de 5.448 españoles que habían sobrevivido a un ictus concluyó que menos de un 25% de los pacientes tenía las cifras de presión arterial por debajo de lo aconsejado (140/90 mmHg); que sólo el 20% de los que además eran diabéticos presentaba un buen control de la glucemia; y únicamente un 15% de los dislipémicos tenía el colesterol malo o LDL por debajo de la cifra recomendada de 100 mg/dL. También algo más de la mitad de los pacientes no están recibiendo el mejor tratamiento disponible (terapia antiagregante, anticoagulantes, antihipertensivo, estatinas) según la evidencia científica actual. Según el doctor Álvarez Sabín, esta falta de control contrasta con los avances que en los últimos años ha experimentado el manejo de esta enfermedad. "Diferentes descubrimientos nos permiten a medio plazo concebir esperanzas de poder convertir el ictus en una enfermedad tratable y evitable. La evidencia científica avala distintas medidas que han demostrado ser efectivas en las horas siguientes al ictus y en la prevención posterior de nuevos eventos". Unidades de Ictus Una de las armas más eficaces contra el ictus cuando éste irrumpe en la vida de una persona es la disponibilidad de Unidades especiales con todos los recursos técnicos y humanos necesarios para atender esta urgencia. En condiciones ideales, durante esas primeras horas clave el paciente debe ser tratado en estos servicios por un neurólogo vascular. "El motivo es incontestable: sabemos a ciencia cierta que de ese modo se reduce la mortalidad y el enfermo tiene una mejor evolución a corto y largo plazo. Sin embargo, la realidad está muy lejos de dichas condiciones. En España, hay Unidades de Ictus para dar cobertura sólo al 25% de la población", lamenta el doctor Álvarez Sabín. A las ventajas inherentes a una Unidad de Ictus hay que añadir el beneficio económico que conlleva a la larga para el sistema sanitario, según un estudio reciente realizado por el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Este trabajo concluyó que la mejora de la calidad asistencial (menos muertes, secuelas menos graves y menos dependencia o discapacidad) se acompaña de un ahorro en los costes hospitalarios que puede cifrarse en 1.914 € menos por paciente. Un problema creciente Una de cada diez muertes en España está causada por un ictus. Constituye la segunda causa de fallecimiento en nuestro país y la primera en la mujer. Su aparición provoca más discapacidad y muertes prematuras que el Alzheimer y los accidentes de tráfico juntos. Cada año sufren esta enfermedad unos 120.000-130.000 españoles. De ellos, unos 80.000 fallecen o quedan con discapacidad. Actualmente en nuestro país más de 300.000 personas presentan alguna limitación en su capacidad funcional tras haber sufrido un ictus. Son cifras alarmantes que según las predicciones de la OMS van a ser cada vez más elevadas: se estima que en el periodo que va del año 2000 al 2025 la incidencia habrá experimentado un aumento del 27%. De acuerdo con estos cálculos, en menos de 20 años en España habrá un millón doscientas mil personas supervivientes de un ictus, de los cuales más de 500.000 estarán incapacitados por este problema de salud. Las secuelas más frecuentes son parálisis, dificultades con el lenguaje, trastornos emocionales y de tipo cognitivo. "Los problemas motores son muy frecuentes y afectan a uno de cada tres pacientes. También es bastante común el dolor, la fatiga, la dificultad para controlar las emociones y la depresión", asegura el doctor Álvarez Sabín. La parálisis o debilidad en un lado del cuerpo (cara, brazo y pierna), que los expertos denominan hemiplejia o hemiparesia, dificulta al paciente las actividades de la vida diaria, como caminar, vestirse, comer o usar el baño. Los problemas de equilibrio que experimentan muchos enfermos incrementan el riesgo de caídas. Capítulo aparte merecen los trastornos del lenguaje: con dificultades en unos casos para formar las palabras y en otros para entender (se denomina afasia). Otros pacientes utilizan correctamente un lenguaje, pero no articulan bien las palabras (disartria). Para reducir la aparición de nuevos ictus más graves, los médicos disponen, por un lado, de las medidas higiénico-dietéticas (dejar de fumar, dieta rica en verduras, frutas y pescados, evitar el consumo excesivo de alcohol, disminuir el peso, hacer ejercicio de forma regular al menos durante 30 minutos) y, por otro, del tratamiento farmacológico. De entre los medicamentos que han demostrado reducir el riesgo, destacan los antiagregantes plaquetarios, (clopidogrel, ácido acetilsalicílico,  triflusal), los antihipertensivos y las estatinas. "Es preciso no bajar la guardia y eso implica un cumplimiento adecuado de la medicación y un control riguroso de los factores de riesgo vascular. De ello dependerá que el paciente tenga más autonomía, evite el deterioro cognitivo y cuente con una mejor calidad de vida", insiste el doctor Álvarez Sabín.  Síntomas y factores de riesgo Esta enfermedad es una urgencia médica frente a la cual los mayores logros, en términos de supervivencia y recuperación sin secuelas, se consiguen en las primeras horas de haberse producido. Para ello es preciso estar muy atento a los síntomas, como la pérdida de fuerza o de sensibilidad de medio cuerpo, la dificultad para hablar o entender, la pérdida súbita de la visión por uno o los dos ojos o la aparición de un intenso dolor de cabeza. La hipertensión arterial, el tabaquismo y el colesterol elevado son los factores de riesgo más importantes junto con la edad, las arritmias (en concreto la fibrilación auricular), la diabetes, el abuso del alcohol, el sedentarismo y el tipo de dieta. Cómo actuar frente a un ictus Las horas inmediatas al ictus son definitivas: se ha comprobado que los pacientes que son tratados en las primeras seis horas por un neurólogo, en un hospital, recuperan en mayor medida las funciones neurológicas. En la actualidad, sólo el 50% de los afectados ingresa antes de las seis horas y esto se produce, además, en áreas sanitarias en las que la población está más informada. El problema es que aún hoy muchos pacientes acuden al hospital cuando ya es demasiado tarde. Ante un caso de ictus, lo primero que hay que hacer es trasladar al enfermo al servicio de urgencias hospitalarias o llamar al teléfono de emergencias 061/112. Tipos de infartos cerebrales El ictus puede ser isquémico o hemorrágico. El isquémico, que supone el 80% de los casos, se produce por una obstrucción del flujo sanguíneo que puede ocasionar la lesión o la muerte de las neuronas. El ictus hemorrágico (el 20% restante) se produce como consecuencia de la rotura de un vaso cerebral. Cuando los síntomas de la isquemia (disminución del riego sanguíneo) remiten en poco tiempo, generalmente en menos de una hora, se habla de ictus menor o ataque isquémico transitorio (AIT). En el caso del AIT, aunque los síntomas desaparecen, la persona afectada tiene un riesgo muy elevado de sufrir en los días siguientes un infarto cerebral, es decir una lesión cerebral ya irreversible, por lo que también se debe acudir urgentemente al hospital.



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